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Rosario Alonso

Entrevistadora

Acerca de la autora

Es Rosario Alonso una poeta muy larga, con la voz amplia que deja siempre el campo libre a las cosas de la vida, en forma de memoria, de armonía, de dolor sin artificio, de amor sin brusquedades, de vigilia diaria que busca al ser humano para recordarle que existe y que no está solo. Ese ser humano que habita en ella y se trasmuta mucho más allá de su geografía sentimental para derramarse en los demás. Ahí, Rosario siempre ataca de frente.

Porque ella va con su amor por la poesía a cuestas, sembrando eternidades al aire y al tiempo, como quien dice la palabra definitiva y le quita importancia al frío, a las tormentas o a las amenazas de sus propios abismos.

Hace mucho que la poesía de Rosario Alonso dejó atrás el umbral de lo efímero para instalarse en una sólida aventura de la que le será imposible regresar, al compás paralelo de los exilios interiores y las proclamaciones perdurables de la tierra amante que la vive. Hay Rosario para rato.

Este es otro ángulo gozoso de su obra poética: la fecundidad que encuentra cauces en versos libres o en sonetos que dan sentido a su nombre y a su capacidad de expandirse sin interrupciones ni azudes que frenen su capacidad creadora como una primavera que jamás termina.

La poeta de Granada ya no tiene las manos vacías ni la piel cercana al frío porque su corazón está lleno de querencias y en su biografía lleva la mochila de la literatura real, madre de todo lo que escribe y toca.

El tiempo pasa y Rosario no da opción al desaliento. Quiero decir que los días se desmayan y renacen con la coloquial insistencia de quien se ha acostumbrado (y nos ha acostumbrado) a espantar las preguntas y las incertidumbres porque ella estará siempre cercenando dudas y sembrando el futuro una y otra vez, su manera de respirar paisajes personales.

Rosario, como casi todos, solo será desarmada por el amor o la muerte.