La deuda y el dolor
Escrito por
Orlando Estrella

No culpes a la lentitud de tus pasos,
aunque la sangre esté fresca.
El asesino no siempre habita
en el alma del hombre.
Tu niña abusada es una daga
que pasma la voluntad mas justa
y los instintos de sangre.
La calma propicia la estrategia
para facilitar el disparo.
Las lágrimas son abono firme
que aseguran lo impostergable
de tu misión obligada.
Verás como lo asesino de tu espíritu se presenta
sin esperarlo, sin prisa,
Te sorprenderá el aplomo de tu mano
y habrás cobrado la deuda.
Sólo la deuda.
El dolor será eterno.



























