El rumor de las mareas interiores

Escrito por Foto del avatarAntonio Rojas

A medianoche,
la casa comenzó a hablar en voz baja.

No con palabras: con crujidos,
con lentas respiraciones detrás de los muros,
con ese idioma húmedo
que solo conocen las tuberías,
los espejos,
y las habitaciones abandonadas.

Yo permanecía despierto,
mirando cómo la lámpara
dejaba caer su cansancio amarillo
sobre los muebles,
sobre los libros abiertos,
sobre una estatuilla de Minerva en un rincón de la sala.

Afuera,
un perro agonizaba en el asfalto.
Entonces pensé en los muertos.

No en los verdaderos muertos:
los que siguen viviendo dentro de nosotros
como relojes detenidos en una ciudad sumergida.

Sus voces regresan a veces
mezcladas con la lluvia,
con el olor de ciertos jardines
al final del verano.

Y uno comprende demasiado tarde
que la memoria
no conserva los hechos,
sino su música.

Recordamos la luz de una ventana
más que una conversación,
el sonido de alguien
subiendo lentamente una escalera
que nunca volvimos a escuchar.

Había un barco en el puerto esa noche.

No podía verlo, pero su sirena
atravesaba la bruma como el llamado
de un animal perdido entre dos mundos.

Durante un instante, todo pareció detenerse:
las calles,
los pasos que me siguen,
la sangre dentro del cuerpo.

La lámpara vaciló.

La oscuridad avanzó despacio por las paredes,
como agua entrando en un sótano.

En medio de esa penumbra tuve la certeza
de que algo nos mira:

algo paciente,
antiguo,
hecho de tiempo y sombra,

algo a la espera
de que finalmente guardemos silencio
para poder reconocernos.

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Antonio Rojas

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