
Verso libre
Bosque de bonsáis, de Héctor Michivalka
1
Nos dejan los sueños
como un niño abandonado en un supermercado.
Niño que, a su vez, ve con asombro
que ese local está lleno
de otros niños abandonados como él.
2
Con el pasar del tiempo,
la verdad va mostrando sus harapos de indigente:
las bombillas de luz se opacan
y, nos achicamos
tanto,
que ya nos queda grande hasta el concepto
que teníamos de nosotros mismos.
3
Alta y con un corto vestido,
color rojo,
semejaba la opulencia
de un tulipán rebelde
a los destrozos del tiempo.
4
El silbato del tren
sonaba a destierro
y se hundía hiriente en su lejanía.
5
Los tenis que dejaste colgando
en los alambres eléctricos,
fueron una travesura de niño.
Los sueños que cuelgan en pares
en los alambres de tus anhelos fallidos,
son travesuras de la vida.
La vida es una anáfora de renuncias.

Verso libre
Cortados, de Leonardo Zambrano
Hoy, los silencios de mis labios ocultan uñas
en los aullidos, con dedos de otros diseños…
Tú que conoces mis ecos, desnuda la memoria
con juegos entre la jaula y el universo del punto.
¿Cuántas veces son cuántas?
Cuando se niega que hubo labios,
si a veces el beso es un capítulo
y el poema abarca sus acasos.
Hay metal en la platea
y la hiedra tiene llamas claras
tentando al yunque con su fuego
donde el golpe es solo físico.
Fuerza , masa y aceleración…
El punto es único al paso
la llave está en la voz
que ladea indivisa…
…su mundo extraño.
Me faltan viajes tocando simplezas
un beso en un parroquia desierta
y a veces con sed cerca al silencio…

Verso blanco
Fresas salvajes, de Jordana Amorós
Moverse en la neblina.
Esa es la condición de los que eligen
buscar dentro de sí
y apenas hallan
un escueto manojo de relatos
pacientemente urdidos.
Hicimos todo un arte
de la conciliación de lo imposible,
la cicatriz turgente del dolor
y la supervivencia,
cultivando a placer la desmemoria.
No hay ningún vestigio de racionalidad
que consiga explicarnos qué nos trajo hasta aquí.
Por qué metamorfosis
la vida nos transforma
en fantasmas vivientes que avanzan como a tientas,
ya perdidos
el rumbo y la esperanza.
En seres sin futuro ni humedades
que llevarse a los ojos.
Por qué misterio somos, al tiempo, todavía
capaces de sentir intacta la pasión
y aún todas las hambres
rebullendo en la boca.
De qué modo nos muerde,
implacable, en los labios la evocación precisa
del intenso dulzor de las fresas salvajes.




























