«Crónicas de la extinción» y otros poemas

Escritos por Foto del avatarAntonio Rojas

Crónicas de la extinción I

«La libertad no es más que un espejismo
para quienes no tienen nada que perder».

Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina

He tomado la costumbre de apuntar notas,
de contar con los dedos
hasta que se me acaban,
como las veces que escucho en el día
la palabra igualdad.

Sigo contando: promesas que se rompen,
noticias que mienten más de lo que callan,
silencios que pesan,
y verdades que nadie se atreve a tocar.

A veces me pregunto
si no será mejor permanecer ajeno
a toda esta miseria:

nadie espera nada de quien no entiende,
y eso, en ocasiones,
es una forma secreta de libertad.

Luz que sueña

«El tiempo es un río que nos devuelve a nosotros mismos».

Jorge Luis Borges, El Aleph

Es el tiempo que suena
cuando viene la lluvia a morir en la ventana,
y deja en el cristal su destino de arcilla:
la figura de tu rostro,
de pájaro atardeciendo.

Tu paz
es de luz
que sueña
en la boca ensangrentada de los peces.

La beso,
y me deja en los labios un fulgor azulado,
una claridad como la que deja la muerte.

La noche se hace silencio en tus ojos.
Esquirlas de frío
atraviesan
la piel gastada de las horas.

Inventario de ausencias

«No hay regreso posible: cada viaje hacia el origen nos inventa».

José Ángel Valente, La memoria y los signos

Las rayas de carbón en el pavimento,
los amigos,
la esquina
donde jugaba
buscando algo que no se rompiera al tocarlo,
ya no están ahí para recibirme:
se han ido lejos, igual que aquellos días.

Y aunque ya nada en esta ciudad me nombra,
a veces siento en sus calles
el latido
de una versión mía
que nunca se fue del todo.

Soy lo que hice.
Lo que no hice también me acompaña,
como si el cuerpo guardara memoria
de cada intento por ser alguien distinto;
de pertenecer a algo que no duela.

No fui mejor que mis derrotas,
ni más sabio que mis errores.
He sido el pecado y su resplandor,
la duda que sobrevivió a la certeza.

Lo que quedó de mí
se consume en el hoy desmesurado,
en avenidas que sangran
como pájaros
derribados en la oscuridad.

Pero sigo aquí,
dando nombres nuevos a lo que ya pasó,

Y si algo perdura
que sea este asombro salvaje
de saberme vivo
—a pesar de mí.

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Antonio Rojas

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