
Hoy, esta nada, ya no es la negación.
Esta nada positiva es un cuadro de autor con aves de vidrio atrapadas en la libertad de lo eterno.
Esta anulación de lo efímero es un cielo en pausa, un paisaje con nubes en el agua que corre.
Esta nada metida en el nosotros, también es la excusa de vernos jóvenes, sentados frente al mar, señalando el sol de una tarde que no se hace oscura.
Es, incluso, la excepción de lo sombrío, la espalda de la luz estirada hasta donde el ojo inventa la habilidad de las curvas para esconderlo todo.
Somos nada, la maravilla de una tautología que no nos extingue.
Vi ponerte de espaldas hacia mis ojos. No te despediste. Ya habías golpeado y puteado mil veces a la pared por esos once malditos meses sin cobrar el salario. Abriste la puerta y huiste hacia la vida fácil de la derrota. Nos dejaste. Desde entonces, siempre hace frío a las tres de la tarde. Busco una manta para abrigarme a treinta seis grados, me tiro al piso, cachetes a la losa, pupilas en dirección al umbral de la puerta, esperando tu retorno como quien se adoctrina ciegamente en lo imposible.
Quisiera un pasaje sin retorno a mis nueve años y quedarme niño por siempre. Atar a tu pie mi alma, y huir contigo para agujerear las sombras de tus jabs. Quizá sea posible espiar a la luz entre la penumbra roída.
Subí al puente de hierro en una noche anaranjada. Había trepado, entre fierros rojizos, hasta el descanso más alto donde suelen encastrarse las vigas centrales. Me senté en ese diván de óxido y contemplé el río y sus dibujos del cielo. Estuve allí, triste, mudo, sopesando la renuncia a subastar mi tiempo para multiplicar el de otro.
De pronto, subió a mi garganta un odio contraído, insospechado y renuente a manifestarse. Quise deglutirlo para devolverlo a la entraña pero proferí un grito y una larga sentencia que aún recuerdo:
«Si a mis letras se les antoja devorar el finiquito es porque no desean coexistir con indemnizaciones ni vacaciones por cobrar. Me cansé de no hallarme entre el tumulto, de no volver al musgo, al apamate, al lirio, al búho y sus cuchillos con silencios»
En esta retirada dejé abrazos infinitos esperando. Voy desprovisto de imaginación, la naturaleza me habitará con sus dialectos.


























