Entrevista a Alex Augusto Cabrera

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«La gente escribe mucho, el peligro real es que muy pocos leen»

Alex Augusto Cabrera (Lima 1967), ciudadano peruano estadounidense residente en Nueva York.

Estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y en adición a eso es autor de los siguientes poemarios:

  • Palabras como trenes, parcialmente publicado.
  • Hojarasca al este de New York (2012), editado por Image Cloud Editions, editorial de Miami, Florida, en el 2014 y presentado en la Librería Barco de Papel, Queens, Nueva York, el mismo año.
  • En el polvo se va lo que seremos (2022), editado en España por el Sello Editorial Ultraversal en el 2024 y presentado en la VIII Feria internacional de poesía LACUHE 2025.
  • Etsegenia (2026), editado por Letralia el 27 de febrero.
  • Mantiene inédito el libro de poemas Nada cambia lo roto.

En el año 2000 emigró de Lima a Long Island, ciudad de Nueva York en la que vive desde entonces.

Poemas y otros textos suyos han sido incluidos en diversas revistas y foros literarios, entre los que destacan: Cinosargo de Chile, Nueva York Digital, El Café Rojo, revista literaria de Medellín, Colombia, La Peregrina, revista literaria de Miami, Florida, Centro Cultural Barco de Papel, revista literaria de Queens, Nueva York, Letralia, Tierra de Letras, revista literaria de Venezuela, Ultraversal y Palabras de Difícil Sombra.

En el año 2009 fue antologado en Poética del Arrebato, primera antología de poetas ultraversales en España y América y en 2024, poemas de su autoría fueron compilados en Ultraversal Tercera Antología. 

—¿De manera genérica ¿Qué es para ti la poesía?

La poesía es respiración y clima, en el sentido de que los temas se relacionan entre sí como un organismo vivo y ese organismo vivo es el libro.

—¿Cómo definirías tu poesía?

Lo mío es en esencia constatar, nombrar las cosas sin juzgarlas, soy un escritor testigo, un superviviente lúcido.

—Un elemento distintivo de tu poesía es la falta de signos de puntuación y de mayúsculas. ¿Cómo consigues que al leerte no se note su ausencia?

Lo de escribir sin signos es comodidad y no gesto de vanguardia.
Escribo como respiro y como todo ser humano, mi respiración es variable.

—Publicaste en el año 2012 «Hojarasca al este de New York», libro que tuvo muy buena crítica. ¿A qué
responde el título y cuál es su tem
ática?

Hojarasca al este de New York, escrito en 2012 y publicado en 2014, es en el sentido exacto el punto de partida. Nada de lo que vino después tendría sentido sin Hojarasca…, y esa respiración y la forma en la que escribo ese libro tampoco se repite.
Hojarasca es básicamente un torbellino.

—¿Cómo ves la poesía en la sociedad actual?

Hay mucha poesía instantánea y un gran auge de los viedopoemas, muy poca discusión y mucho texto.
El canon sigue igual y es muy poco inclusivo, pero hay voces que a veces aparecen y otras que se han consolidado como una alternativa. Poetas como Pedro Arturo Estrada o Andrea Cote Botero, siguen construyendo su poética, al igual que Piedad Bonet y hay felizmente varios otros nombres: Leoncio Luque, Roxana Crisólogo, Odette Alonso, la lista es larga.

—De pequeño llevabas una libretita donde anotabas cualquier atisbo de inspiración ¿Conservas todavía esa costumbre?

La musa para mí siempre está de viaje y llega de improviso y a veces me halla en el trabajo, o almorzando, casi nunca leyendo, y cuando llega la tengo que atrapar con lo que encuentro: una servilleta, un pedazo de cartón, lo que esté a mano cuando el verso aparece y hay momentos en los que antes que las palabras lo que irrumpe es la sombra, una imagen pura, un garabato. Todo empieza así.

—Hubo algún detonante en los poetas leídos de niño que te inspiraran a dedicarte a escribir?

De niño lo único que no hice fue leer poesía:
Aprendí el alfabeto a los cuatro años y lo primero que leí fue Las mil y una noches y después El último mohicano, La cabaña del tío Tom, Crimen y Castigo, Los cuentos de Chejov, La isla del tesoro, La isla misteriosa…, lo mío era ir todos los domingos a la casa de mi tía, porque ella tenía muchos libros, ninguno de poesía, y allí podía leer y fui feliz leyendo.
De adulto vi mucho cine y al medio aparecieron los poetas: especialmente Darío, Machado y Hernández, a Vallejo y a Eguren los descubrí tarde y tarde también a Vargas Llosa y García Márquez, y mucho después a los ultraversales y aquí en Estados Unidos, a escritores como María Eugenia Caseiro, Lauren Mendinueta, Juan Matos y otros poetas.
Todo eso siento que influye en mí cuando escribo.

—¿Crees que las redes sociales ayudan al crecimiento y difusión la poesía?

Definitivamente las redes ayudan mucho: el problema es que lo que se busca ahora es monetizar y los contenidos son instantáneos, veloces por definición. Las redes están diseñadas para el «zapping» y el «like» y en tres minutos se pueden ver seis videos, o dos videopoemas y a esa velocidad la concentración es nula, porque hay mucho ruido y la lectura siempre es silenciosa, pero a pesar de ello hay páginas especializadas, como por ejemplo Grupo Ultraversal, donde se prioriza el arte solidario y la lectura profunda de los trabajos poéticos y algunos canales en YouTube e Instagram que analizan a fondo los trabajos literarios.

—¿Piensas que tu poesía evolucionará a una forma vivencial más clara y optimista?

No, yo solo soy un testigo de mi tiempo, mi obra no es pesimista ni optimista, solo constato lo que está, lo nombro, todo lo que la mano registra queda escrito, o ha quedado escrito.

—Háblanos de tu libro publicado en 2024 «En el polvo se va lo que seremos» ¿Qué te inspiró el título? ¿Cuál es su temática?

El último trabajo es esencial y no por la edición como tal, que es impecable, sino porque me ha permitido organizar todo desde la respiración.
En el polvo se va lo que seremos, es un libro de tiempo y eso es algo que comparte con Hojarasca, es decir, En el polvo…, es una obra que comienza con un febrero atemporal y una segunda y tercera parte que van desde julio del 2018 a julio del 2020 y un cierre, pero es más que eso.
Es a partir de ese libro que pude entender que cada trabajo tenía su propia respiración como ente vivo y que juntar segmentos, poemas escritos en distintas épocas, muchas veces era incompatible.
La lectura resultaba antinatural, los propios libros rechazaban segmentos de respiración diferente y aceptaban los poemas que pertenecían a sus climas. Ensamblar En el polvo se va lo que seremos, me permitió como lector, aunque sea de mis propios poemarios, escuchar atentamente la respiración de cada libro y organizarlo todo desde allí.
En el polvo se va lo que seremos, es fundamentalmente un libro ontológico y de respiración larga.

—Dicho libro se presentó en la Feria Internacional de poesía Lacuhe, en Manhattan. ¿Cómo fue la experiencia?

Muy positiva.
Nueva York no solo es la capital del mundo, tiene una presencia cultural en español importante y muy diversa.
Tuve la oportunidad de interactuar con otros escritores y la VIII Feria Internacional del Libro LACUHE 2025, fue una ventana y una vitrina que me ha permitido promover En el polvo se va lo que seremos como un poemario alternativo al canon.

—Participas en la lectura de poemas en Nueva York, en Centro Cultural Barco de Papel o en la feria del libro de Nueva York. ¿Prefieres ser el recitador o el asistente que escucha?

Antes que escritor soy lector, mi estado natural es escuchar y en la lectura como en la música escucho de todo, que me guste o no es otro asunto y que me conmueva profundamente es aún más difícil, pero a veces llegan voces y se quedan como ecos.
Estar del otro lado es diferente y siempre he considerado la opción del cansancio y trato de evitar producir eso entre los que me escuchan.
A veces los poetas, por la propia emoción que los embarga se sientan y literalmente leen dos horas sus poemas y no hay nada más aburrido que leer cinco poemas consecutivos. Siempre me acuerdo de Neruda como un gran poeta, pero muy mal lector de sus propios poemas.
Técnicamente no recito, lo que intento desde siempre es transmitir sin cansar al público.
En Barco de Papel, por ejemplo, con la presentación de En el polvo…, pasó algo especial.
Parte de la audiencia eran jóvenes universitarios que estudiaban el español como segundo idioma. Interactuar con ellos fue un aprendizaje mutuo.

—¿Cómo ves el futuro de la poesía con la inclusión de la IA?

Las posibilidades son infinitas.
En los primeros años de este siglo, con las burbujas del punto.com, pensábamos que las librerías desaparecerían, que las estaciones de radio desaparecerían y siguen ahí, la gente escribe mucho, el peligro real es que muy pocos leen y ahora la IA puede escribir por ti y lo puede hacer con técnica depurada tanto en narrativa como en poesía.
La Inteligencia escribe, tú firmas y Amazon publica, el circuito esta completo.
No sé si nos reemplazarán, hasta el momento no pueden hacerlo y en un nivel medianamente técnico, la escritura generada por Inteligencia Artificial se descubre por lo único que no es.
Mil textos generados no pueden, por ejemplo, producir una primera página tan notable como la de El extranjero, de Albert Camus, o la última página de Cien años de soledad, de García Márquez, pero si sabes quién eres, si has leído a Camus o García Márquez, o alguna novela de Dostoyevski, nada de la IA te puede obnubilar, si no permites que escriba por ti, que dicho sea de paso, lo quiere hacer siempre: «si quieres puedo», quienes hayan interactuado con Gémini o Copilot, saben de lo que hablo.
Si la Inteligencia Artificial se usa como herramienta y no como sustitución de pensamiento, se abren muchas puertas y eso beneficia siempre al escritor.

—¿Qué te parece la poesía en la sociedad actual?

Hay, creo yo, demasiados videopoemas; mucha poesía panfletaria –aunque reconozco que detrás de todo eso hay enojo real-, y lo que más abunda es la poesía «edulcorada y almibarada», como contaba Serrat cantando. El amor es el sentimiento más universal y eso se nota.
En líneas generales, lectura instantánea genera poesía instantánea, que es algo diferente a la escritura
inmediata: ese rapto, ese trance, ese momento único del que partimos todos los que transmitimos nuestra voz a través de los versos, pero eso es lo que se ve en la superficie.
Desconozco la realidad española, pero aquí en Estados Unidos y por toda América aunque lejos del canon, hay voces como ecos: gente joven y no tan joven también, que lee mucho y escribe poco, solo hay que tener los oídos abiertos, porque están y aparecen cada vez que tienen un espacio mínimo.

—Tienes buena voz. ¿Podríamos decir que aparte de escribir, tu mayor afición es cantar?

Siempre quise cantar.
En algún poema hablo de mi guitarra blanca, una guitarra eléctrica que tuve en la adolescencia y que vendí para poder comer.
Siempre he pensado que de no haberla vendido, con el tiempo habría sido cantautor, eso y el cine, y las novelas , y los cantores, y de nuevo el cine y los poetas, y otra vez el cine…, recuerdo especialmente una escena en Sueños, de Akira Kurosawa en la que el capitán detiene a su ejército que llega al final del túnel y les dice: «regresen, recuerden que están muertos».
Creo que mi escritura en el fondo son restos. Todo lo que no soy define lo que soy.

—¿Tienes algún sueño que no se ha realizado y esperas cumplir?

Lo que tengo son metas:

Mi obra está cerrada, lo que debo hacer es publicar dos libros por año, arreglarme los dientes, y finalmente jubilarme y caminar el silencio, es decir, desconectarme y volver a la familia y mientras cumplo cada meta, con salud de por medio, trabajar y viajar mucho. Es todo lo que quiero realizar.
Mi propósito en la vida fue escribir, nací para eso, no sé si como Mario, sea bueno «solo para eso» como le decía su esposa, pero sí he vivido para eso.
Esas son las tareas pendientes.

—¿Qué proyectos tienes en la actualidad?

A nivel literario, esta es la ruta a seguir:
2026: publicar Nada cambia lo roto.
2027: publicar Maspeth
2027: publicar Palabras como trenes.
2028: publicar Genealogía del polvo a la palabra.
Cuando logre todo eso, recién podré decir: misión cumplida.

—Acabas de publicar, este mismo año, el poemario Etsegenia. Háblanos del libro.

Durante mucho tiempo llamé a este libro Breve historia de las hadas y de hecho hay  poemas  que sobrevivieron a  Memorias personales, un sub foro que había en Ultraversal. Eran días inocentes , de preguntas y búsqueda. Los años pasaron, mi respiración cambió y la obra tomó otro rumbo.
Lo que sí puedo afirmar es que en algún momento del recorrido que el libro realiza, llegué a estar
incluso en un estado anterior al lenguaje.
Grafías de cuarta sombra,  por ejemplo, viene de otro lugar.
Cada palabra busca, es todo lo que puedo decir de Etsegenia. 
Tengo la esperanza de que el libro llegué a cada uno de ustedes y emprender un viaje  diferente. 
De todos los libros que he escrito, Etsegenia es el único que tiene una nota de autor, la escribí porque era imprescindible. 
«Este libro es un viaje sin boleto que va, o busca ir, de la sombra a la huella y de la costra a lo que no se explica».

—¿Quieres añadir algo?

Lo único que puedo pedir es que vayan a Amazon y busquen las obras, no solo las mías, en el catálogo del sello editorial Ultraversal hay otros escritores muy valiosos.
El mejor reconocimiento que un escritor tiene no son los premios, es la lectura de su obra.
Los libros, respiren como respiren, están vivos, o son un ente vivo cuando tienen lectores.

—Muchas gracias Alex, ha sido un placer entrevistarte.

Las gracias a ti, Rosario Alonso por esta entrevista y a la Revista Ultraversal, por
darme la oportunidad de tener esta conversación.

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Rosario Alonso

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