Baluarte de la herida

Escrito por Foto del avatarGavrí Akhenazi

Supongo que en alguna parte he perdido la arquitectura del corazón y que por eso estoy refugiado en este baluarte que es la herida.

Cuántas veces me he ido de putas como un pordiosero que camina por toda la extrañeza de la tierra y de pronto necesita una mujer que repentinamente sea solo una mujer con olor a mujer en los pechos y voz de mujer en la garganta y nada más, nada más, porque hasta los animales más feroces necesitan una hembra que sea y haga de hembra en el momento de la especie.

Por mi parte, a veces soy de esos que hacen de niño melancólico para que nadie advierta el molar carnicero y la carnicería misma en los colmillos y sé que eso me queda más que bien porque así me lo han mentido demasiadas mujeres que buscaron la parte de una inocencia que no está pero que puedo llegar a fingir sin culpa, tan solo para ellas que necesitan esa parte de un hombre. Y luego, eso les hace bien. Esa melancolía natural de mis ojos luego de la faena y ese retorno a la vida de los minusválidos emocionales; esos incapaces de traducirse sin violencia incluso en el amor de los gestos y su exageración.

La herida me defiende de otra herida porque me recuerda el acto elemental de protección y que algunas vidas se resumen al vandalismo de matar o morir y que Temis y Némesis son casi la misma con el mismo elemental desequilibrio con que los hombres dotan a sus dioses desequilibrados de otros que los equilibren cuando en realidad, la oposición desequilibra más los dos platillos, contra todas las leyes de la física, porque eso es el resumen de la apuesta. Más de un lado, más del otro, como algo insaciable que siempre está regido por un plano inclinado hacia el abismo.

Los años no me aplacan ciertas ansias que me descontracturan de la carga acentual de los entornos.

Y entonces, es que estoy aquí, tendido y absorto en una noche que me devuelve sus dioses fracasados convertidos en hombres que hacen sexo, ocultos en los desvanes de los sueños con putas y travestis.

Es la vida y su mierda lo que te enseña su insólita vastedad sin compromisos. Me hamaco y me masturbo sin preguntarme por qué elegí nacer en el Apocalipsis y pertenecer a las legiones de Abbadón.

Porque nadie me mandó. Lo elegí yo.

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Gavrí Akhenazi

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