El último capítulo

Escrito por Foto del avatarGavrí Akhenazi

Todo libro tiene un último capítulo. Con más razón, el libro de la vida. Prolongar un libro porque nos enamoramos de sus personajes, de su trama o, muchas veces, solo de la idea de escribir, es cuando el último capítulo se vuelve imprescindible.


Saber terminar es un arte. Saber terminar todas las cosas, no solamente un libro.


La vida no es más que un acto de agotamiento, del que la única certeza es su finalización porque estamos conscientes de que, tarde o temprano, todo se acabará.


El último capítulo existe, incluso, antes de que el título aparezca, porque todo principio lo primero que asegura es un final. Saber llegar a él con dignidad es parte de un mismo ejercicio.


Percibir el final no está mal.


Está quien lo advierte cuando la trama ya no avanza, se traba, se entorpece o se transforma en un desarrollo mezquino, diferente al de los primeros capítulos y anodino ya, cuando se ha superado con creces el núcleo tensivo.


El autor debe percibir el final. Saber cuándo la cosa no da para más y el prolongarla es solamente forzar unos caballos hartos y flacos, que ya no pueden cargar ni con su propio peso. Menos aún el de su jinete.


Admitir que se está en presencia del último capítulo, entonces, es también una necesidad a la que responder con la cabeza fría.


El corazón no vale para escribir ese último capítulo porque hacerlo implica soltar aquello a lo que intentamos aferrarnos mientras se desarrollaba. Soltar aquello de lo que nos enamoramos, aquello en lo que vivimos, aquello que aprendimos a amar y también a odiar; lo que muchas veces nos quitó el sueño, nos desesperó, nos perdió en sus vericuetos quitándonos el camino seguro. En resumen, lo que fue nuestro mientras duró, antes de que llegara, indefectiblemente, su último capítulo.


Diría la canción:
Uno se despide
insensiblemente
de pequeñas cosas…

No es verdad. Uno se despide con dolor, porque un último capítulo no es una cima conquistada, sino un final que nos despoja de algo con lo que aprendimos a vivir, aprendimos a alimentar y que también nos alimentó. El último capítulo indica que hay que regresar desde ese mundo que acaba hacia este mundo en que eso ya no cabe.


A veces, escribimos muchos últimos capítulos que pensamos que es el último, pero que solamente habilitan una saga, hasta que la saga misma adquiere un pesado cansancio que nos habla del «ya no más».


Este, entonces, es el capítulo final de un libro demasiado largo para el que este escritor ya no tiene argumentos.

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Gavrí Akhenazi

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