Retrato de un poeta

Escrito por Foto del avatarRosario Alonso

El retrato a carboncillo y grafito sobre papel de Miguel Hernández, realizado por Antonio Buero Vallejo se considera la imagen más icónica del poeta. Buero Vallejo utilizó un papel de baja calidad y se cuenta que tuvo que sacar punta al carboncillo con un trozo de vidrio o una piedra, ya que no se permitían cuchillas ni objetos afilados en la celda por riesgo de suicidios o ataques. Se dice que el realismo logrado es asombroso considerando que se realizó en una celda abarrotada, con luz natural limitada y bajo la vigilancia de los guardias.

Fue dibujado en enero de 1940 en la cárcel madrileña de Conde de Toreno, donde ambos compartían celda tras ser condenados a muerte por la dictadura franquista después de la Guerra Civil.

Miguel Hernández albergaba la esperanza de que su ejecución no se llevaría a cabo y deseaba que su hijo, Manuel Miguel, tuviera este retrato para que pudiera reconocerlo al salir de prisión; hecho que nunca ocurrió puesto que falleció de tuberculosis en una celda sucia y mohosa en 1942 debido a las duras condiciones y falta de cuidados y medicación para una persona enferma.

El dibujo incluye una nota de puño y letra de Buero Vallejo: «Para Miguel Hernández, en recuerdo de nuestra amistad de la cárcel. 20-I-XL».

Es un retrato de tres cuartos que destaca por su gran variedad tonal y el uso de sombras para captar la serenidad del poeta. En el ojo de Miguel se observa el reflejo de la única ventana de la celda, que era la fuente de luz para el dibujo. Buero Vallejo logró captar una expresión de dignidad y serenidad, alejándose del aspecto demacrado que el poeta tenía en la vida real debido a las duras condiciones carcelarias.

En la cárcel de Conde de Toreno, Buero Vallejo (que era pintor de formación antes que dramaturgo) dibujó a muchos compañeros, pero su relación con Miguel fue especial. Hernández, a cambio, le leía sus poemas y compartían sus visiones sobre el arte y la justicia.

El dibujo fue enviado por correo desde la cárcel a la esposa de Miguel, Josefina Manresa, en Orihuela. Ella lo conservó como un tesoro durante décadas, escondiéndolo en ocasiones para evitar que fuera confiscado o destruido. Décadas después, Buero Vallejo escribió sobre este momento: «Era el hombre más sencillo y profundo que he conocido. Dibujarle fue un acto de amor y respeto».

Esta obra forma parte del Legado de Miguel Hernández y se encuentra bajo la custodia de la Diputación Provincial de Jaén desde su adquisición en 2013.

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Rosario Alonso

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