Mi vida ligada a la poesía
Escrito por
Isabel Reyes Elena

Soy una mujer médico, ya jubilada, que por las circunstancias de una vida en constante jaque, he tenido poco tiempo para detenerme en mí misma. Ahora, en la madurez de los años, y con el paisaje más calmado, estoy en el tiempo de la búsqueda personal a través de una introspección que ha ido derivando en la escritura. Por la poesía me encuentro, me reconozco y dejo que otros lo hagan a través de lo que escribo.
Al poeta, escribir es lo que le salva. Recuérdese que Robinson Crusoe, el hombre más aislado que ha existido, escribe durante años un diario, hasta que la tinta se le agota. ¿Por qué, sino porque en él se encuentra a sí mismo como única compañía consolatoria, puesto que en la constatación de sus sentimientos, pensamientos y actos reconoce su inagotable voluntad de superación ante la adversidad?
Eso es lo admirable y testimonial: la capacidad de consuelo mediante la escritura.
En mi caso todo cuanto escribo responde a un motivo: sobrevivir serenamente mientras me llega la muerte. Porque lo más terrible de vivir es que siempre hay que buscar una razón para seguir viviendo. Escribo desde siempre refugiada en mi hábitat, en silencio, sin que nadie supiera que lo hacía. Fue en el año 2.000 que me planteé buscar una actividad mental que me mantuviera «despierta» cuando llegara la jubilación. En el 2004 empecé a publicar en internet, no sin cierto pudor, porque lo que escribo es una catarsis y un drenaje de los duros momentos que la vida me puso en el camino. Pienso que hay que haber «vivido» para escribir de forma testimonial, y esto es precisamente lo que me caracteriza: mis poemas y prosa poética son pura catarsis.
Escribiendo nos ofrecemos a nosotros mismos un breve fuego prometeico que es, a su vez, una ofrenda para los demás y eso nos alivia y consuela, porque, al final, nos hace ser algo más que solamente dos fechas sobre una tumba. Por la escritura me comprendo y acepto. Si nos sosegamos cuando nos sentimos comprendidos, ¿qué mayor sosiego que comprendernos a nosotros mismos? Pero si me falla la inspiración es como si me faltara la vida, muero y resucito cuando la palabra se toma la licencia de volver a darme voz porque escribir a veces es angustioso dado que siempre estás temiendo perder ese «don» que no sabes de dónde ha salido ni quién te lo ha dado ni por qué lo tienes y, lo peor, si se irá algún día.
No olvidemos que a pesar de todo lo que nos digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo. No leemos y escribimos poesía porque es bonita. Lo hacemos porque pertenecemos a la raza humana; y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, la ingeniería… son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida humana. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor son cosas que nos mantienen vivos.
Aristóteles sostenía que el hombre, y la medicina al fin de cuentas, es la ciencia del hombre, y el médico debe ser ante todo humanista. Por tanto, no debe de extrañar que haya médicos escritores. En varios colegios médicos de nuestro país y del mundo ya se organizan certámenes de prosa y poesía que alcanzan una gran envergadura. Yo animo a mi Colegio, que lo mismo que organiza concursos de fotografía se anime a realizar un certamen para escritores, bien sea en prosa o poesía. Es muy posible que la participación sea extensa y nos sorprenda el número de médicos, que, como yo, escriben en silencio.
Y para finalizar quiero dejar constancia de los beneficios de la lectura de poesía para la salud, pues está demostrado que el lenguaje retórico estimula el cerebro, especialmente el área frontal. Algunos estudios han indicado que figuras como el oxímoron, palabras con significado opuesto, «nieve ardida», son recibidos por nuestro cerebro como auténticos regalos, ya que para procesarlos se utilizan más recursos de los habituales. Con la poesía el mapa emocional de nuestro cerebro descubre nuevos rincones, activa nuestras neuronas y nos mantiene «despiertos».
Quiero finalizar con estos versos de Walt Whitman que refleja el pensamiento de mi «yo poeta»
No dejes de creer que las palabras y la poesía
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.



























