El artista es un instrumento de la sociedad y sus dramas aunque no lo haya pensado.


En los siglos XX y XXI, la violencia y el crimen en su más alta crudeza han alcanzado niveles nunca vistos. Matanzas en lugares en donde sólo se espera la calma y el sosiego espiritual fuera de todo escenario de guerra. Crímenes personales que superan los porcentajes de años anteriores.


Los artistas musicales acostumbrados a sus baladas de amor y desamor son impactados por los niveles de insanidad que cada vez más enturbian el ambiente.

Hoy no es el romanticismo y los lacrimosos encuentros de desamor o los himnos de luchas populares que inspiran al artista como deleite para una sociedad en constante ebullición emocional. Como señalaba antes, el deterioro de una humanidad inclinada a la violencia ha modificado el sentir artístico hacia una vertiente de crudeza en todas las direcciones del arte. Música, cine, plástica, literatura no escapan a una realidad presente difícil de ser ocultada.

No se puede negar que buenas obras se han realizado en este esquema principalmente en el ámbito musical en donde no se escatiman los extremos emocionales. El espectador también es un cómplice activo que cada vez mas exige esa sangre que lo excita.

Es sabido que la violencia del hombre existe desde sus comienzos pero el curso que ha tomado en los últimos tiempos ha modificado por necesidad la creatividad y el deseo de estar acorde con esta realidad incuestionable.

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Orlando Estrella

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