¿Qué me pides que no te doy?
Escrito por
Nandi Posada

Si fuese la calma, la brisa, el tiempo.
Si fuese y pudiese amarte
como se ama sin saber:
apretado a la nave, delicado y tibio,
casi cascarón, pero todavía alerta,
conocedor del rito y la palabra.
Y a fin y al cabo
entregado a tu enfermedad y a tu ceguera,
sin salvarme,
creyendo que es más digno lo inerte
que lo sensitivo.



























