Gerardo Campani

Tejen sogas en Madrid
cerquita de la Cibeles
(fuertes, cariñosas, crueles,
envolventes, trepadoras).
Lo consigno en estas horas
y lo escribo en mis papeles:
«Es mi última voluntad,
lo dejo testamentado,
que pagarán de contado
mis deudos, algún amigo,
o aquella novia de Vigo
que ya me había olvidado.»
Hasta el llegar de mi hora
voy a hacerme el distraído:
el médico me ha prohibido
que piense mucho en la muerte,
si ya sé cuál es la suerte.
¿Morir? Mejor, me suicido.
Estuve estudiando el tema
y llegué a la conclusión
que morirse de un tirón
es la muerte menos mala,
así que nada de bala
ni de macabra poción.
Con todas las letras digo:
Me voy a colgar de un puente
de manera inteligente
y no como un pelotudo;
preparando bien el nudo
se muere muy de repente.
Sin sufrir, sin tantas vueltas,
creyente de que la nada
es el término de cada
uno: yo, ustedes, él,
el espíritu y la piel,
que son la misma charada.

Mas necesito la soga,
una soga de las buenas,
una soga quitapenas
hecha con arte y oficio
que me otorgue el beneficio
de sentir morirme apenas.
Soga con partes iguales
de cariño y de firmeza
que sostenga mi cabeza
bajando por el cabello
y me haga crack en el cuello
y ponga fin a la pieza.
Morir ahorcado, ¡qué fácil!
¡Qué simple es esta partida!
que en la hora decidida
es cuestión de dar un salto
y caer desde lo alto
dejando atrás a la vida.
De mi parte ya lo sé,
por ahora sigo vivo
en este monte de Olivo
todavía no Calvario.
Que entre Madrid y Rosario
haya acuse de recibo.

Y cuando tenga usufructo
de esa arma liberal,
nadie piense que hago mal
si yo pienso que hago bien
hay que morirse, y amén:
inevitable y fatal.
¿Es de fortuna o de esparto
esa soga milagrera
que mi ansiedad hace espera
como a aquella ocasión calva?
Porque supongo me salva
tu soga será certera.

Téjeme una soga larga
con hilos anestesiados
que ya tengo demasiados

dolores, y tanta amarga
tristeza llevo en mi carga
que en mis noches de desvelo
a menudo miro el cielo
con inquisición secreta,
queriendo ver al cometa
de mi postrimer anhelo.

Morgana de Palacios

Me estás buscando las vueltas
con palabra decidida
y la boca de un suicida
con vocación de vivales.
Tus actos sacramentales
han abierto la partida.
¿De verdad quieres morir
con una soga de strass
de las que tejo al compás
de cualquier música extraña
y seducir mi guañada
con lengüita de aguarrás?
¿Tu última voluntad
es que yo te sobrecoja
como bruja paticoja
en medio de un aquelarre
sin que tengas más agarre
que tu propia paradoja?
Ay mi Geranio de Argentia
ahora que has logrado
desinsectar el pasado
cucarachil de tu casa,
ahora que el tiempo pasa
más feliz y sosegado.
Ahora que no dependes
de manzanas seductoras
que morder en las auroras
¿Quieres morder el dolor
que sobreviene al amor
de mis sogas constrictoras?
Entre Rosario y Madrid
hay acuse de recibo
pero no te hagas el vivo
porque pienses que estoy muerta,
que te miro bien despierta
y despierta te aquilato
y si es por pasar el rato
no te saldrá la jugada,
otra cosa es que pasada

tu malísima intención
me ofrezcas el corazón
además del cachondeo.
Eres más guapo que feo
más listo que pelotudo,
no sueles pecar de mudo
y puede, si no me frustra,
¡Así habló Zaratustra!
que me abduzca tu desnudo.

Isabel Reyes Elena

En Madrid las hechiceras
tejen sogas de cristales
y guardan en sus anales
cadáveres de unos cuantos
infractores, reos, santos
que quisieron ser chacales.
Morir ahorcado qué horror
con lo fácil que sería
meterse en agüita fría
y en la lengua un buen sedante
pero tú darás el cante
hasta en tu último día.
Si no te ha quedado claro
el acuse de recibo
del buen caldo de cultivo
que es su boquita hechicera
cámbiate mejor de acera
y te matas por derribo.
Ah, te advierto que ahorcado
te meas y hasta te cagas
eyaculas en las bragas
y la lengua cae de lado.
Vaya espectáculo armado
para el público mirón
hasta la televisión
querrá sacar tajadita
!qué tarjeta de visita
ver al Babo sin calzón!

Ana Bella López Biedma

Por si no te bastan sogas
y un baño con su cicuta
mira si te electrocuta…

una anguila escurridiza:
van a darte una paliza
como no cambies de ruta.

Rosario Alonso

Yo te ayudo. Si me cuentas
la muerte tal vez consigas
con la faca de mi ligas
aunque resulte sangrienta.
¿Pretendes morirte a tientas
sin descuartizarte un poco?
Cortaría poco a poco
trocitos de todas partes
y después nos los repartes
como si estuvieras loco.
¡Ese morir con glamour!
lo demás son tonterías,
no pienses en niñerías,
nada de hacerte el tahúr.
Un hombre no es de yogur
así que piensa a lo grande
sin que ninguna te ablande
tus suicidas soluciones.
Después te haremos canciones
sin que nadie nos lo mande.

Gerardo Campani

Agua fría y un sedante
me recomienda Isabel
poniéndose en el papel
de médico esteticista:
le cae mal a la vista
un colgado de un riel.
Anabella, modosita,
fan de la electricidad,
con un poco de piedad
me dice lo más tranquila
que mejor es una anguila
con toda espontaneidad.
Rosario, directamente,
quiere coserme a facazos,
hacerme el cuerpo pedazos
y después desparramarme
para poder canturriarme
la elegía del bagazo.

Sigo en la idea primera
de la soga redentora
tal vez no la use ahora
pero algún día, seguro.
Mejor actuar sin apuro
cuando el reloj dé la hora.