«Pandemia» y otros poemas en verso libre y verso blanco

Verso blanco polimétrico

Pandemia, de Morgana de Palacios

Ser poeta en la cárcel,
en la herrumbre enjaulada del propio pensamiento
devorado por vuelos inconscientes
de insectos de metal. Taladros vivos
del hueso hasta su médula
y caminar velada
por no transparentar tantas fisuras,
tanto pozo de sangre detenida
en el rumor de élitros constante
que te asorda el oído para lo cotidiano.

Mirar perdidamente, como miran las locas
desde hondas ventanas ignoradas,
a lomos del ladrido callejero,
a través del cristal de los escaparates moribundos,
por ser ángulo, esquina, muchedumbre
y desquiciada nova solitaria:

carne de ordenador,
ojo de vidrio,

presa en el don de la pandemia alada
que no se diagnostica a simple vista.

Imagen by Daniel Reche

Verso blanco polimétrico

Me permito llorar, de Sergio Oncina

Hoy, que me sobran fuerzas, me permito llorar,
porque aún tengo fuerzas me permito llorar,

porque nuestros relojes
puede que no se encuentren
pero siguen marcando el mismo tiempo,

porque ella está en la guerra
y yo me quedo en casa
con su silueta azul en la memoria,

porque noto las lágrimas surcando mis mejillas
y sé por qué brotaron,

porque tiembla mi estómago
y desbordo salud,

porque nos asoló una puta pandemia
para volver a hablarnos,

porque ningún amor, por muy platónico
o imposible que sea,
se merece acabar en un cuarto de hotel,

porque queda esperanza,
porque puedo escribir,

porque seguimos siendo los mismos dos idiotas:
ella capaz de renunciar a todo
y yo incapaz de renunciar a nada.

Imagen by Latupeirissa Ivan

Verso blanco polimétrico

Cobarde, de Orlando Estrella

Si miro a ese prójimo aturdido
tambaleándose sin fuerzas
rogando por su vida que se escapa,
tendré que huir lo más lejos posible
del escenario.

Nunca pensé mi cobardía ayer
me creí solidario para siempre
pero me han convertido en un cobarde,
¿será obra del destino
o de maestros de la perdición?

Sicarios sin caretas y sin nombre
y otros que dan la cara exponiendo su vida
que no saben de tramas, escondiendo sus lágrimas
y su impotencia.

No puedo solo huir, he de esconderme
como aquel criminal sin cuerpo del delito,
tapando mi ruindad
aquí en lo oscuro.

No es un consuelo que en la lista estén
millones de cobardes a la fuerza
queriendo ir al entierro de sus padres
y solo despedirlos por el móvil.

Nos han asesinado lo poco que quedaba
de humanidad en nuestro recorrer,
diseñando el estadio para el juego final.

Imagen by Enrique

Poemas de Ricardo Fernández Esteban

Verso blanco polimétrico

La humanidad pende de un virus

La humanidad, jinete apocalíptico,
creía sojuzgar a la naturaleza,
y hasta se planteaba
clonar al ser humano en inmortal
en perversa simbiosis con la máquina.
Alguien predijo: «El hombre será dios»;
pero haberlo inventado,
para tener poder sobre la plebe,
no es lo mismo que serlo.

La creación, venga de donde venga,
se venga y pone las cosas en su sitio.
Un virus microscópico se muda
del animal al hombre,
que descubre lo débil que es su fuerza,
lo poco que conoce, lo mucho que amenaza su futuro.
Se acabó el «just in time», vuelve la cuarentena,
la peste ha regresado al «altoevo».
La cura de humildad no cura al cuerpo,
pero avisa a las almas.

Cuando todo esto acabe,
quizá tengamos la oportunidad
de empezar otra era
cambiando paradigmas y parámetros.
Pero mucho me temo que olvidemos
y, por recuperar el estatus perdido,
empiece otra carrera
que lleve a recorrer errores anteriores
y cuya meta tenga por rótulo «Extinción».


Haikus

Haikus del aislamiento

El aislamiento
es algo más que físico,
es mental.

Y te planteas
si tu entorno más próximo
tiene futuro.

Sigo encerrado,
miro por la ventana
nubes y lluvia.

¡Quién caminase
por sendas embarradas
sin chubasquero!

Lo confortable
no siempre es lo mejor
para este preso.

Algo de sol,
pero ambiente ventoso
sin alegría.

Cuánto daría
por un tiempo horroroso
en otro rol.

Imagen by Ben Kerckx

Verso libre

Cifra, de Solange Schiaffino

A un hombre en situación de calle, fallecido ayer en la 7 región (Chile). El octavo.

No sé tu nombre
ni si alguna vez tu rostro
fue abrigado en un regazo.
No sé tu dirección
pero sí conocí la casa
donde te aisló este mundo.

Hoy sé de tu horizonte breve
y de tu hambruna tan cerca del trigo.
Que tenías cuarenta y cuatro
quién sabe si familia
y alguna pertenencia tapada en una bolsa.

Me pregunto a qué virus le temías,
si más a esta pandemia
o a la ciega distancia
a la que confinamos tus zapatos.

Pero te hiciste visible en una cifra
e intento tu lugar como si en algo remediara
trazarte aquí en mis ojos
hoy que eres el octavo de la lista que más duele
y nadie en tus retinas, ¡ah paradoja!
cuando ahora que estás muerto,
finalmente te sumaron.

Imagen by Enrique

Verso libre

Rebelde, de Leo Zambrano

Esta cárcel desencadena locuras
la duda de palpar cualquier objeto
al remover los llantos de otros ojos
y gemir junto al yermo del cuerpo.

Quiero gritar mi atraso con cultura
a la potestad de rodear la zozobra
a poder indagar mis otros silencios
entre las cantos que llevan mis dedos.

Tengo duda del aire en todo orbe
que me falta y espanta en reflejos
no hay máscaras en las oscuridades
ni soles quemando sus destierros.