
Poeta no te calles
Por qué callas los versos que me nombran.
No sofoques palabras
regresa los sonidos que con su aliento mueven
la estática rutina de los días.
Poeta paisajista y del amor
se está difuminando la mujer que inventaste,
la musa que te inspira y te imaginas
con un mechón rebelde cubriéndole su rostro,
caminando descalza por la hierba.
No has visto los mensajes que inquietas mariposas
trasmiten en su vuelo,
que acompañan tus pasos lentos y taciturnos
al despertar el alba.
Poeta, no te calles,
sígueme dibujando las calles de tu tierra,
el rumor de su gente,
tu café en la mañana
y hasta ese cigarrillo que daña tu salud.
Tengo necesidad del toque de tus versos,
viajar en tus escritos como una mochilera
que lleva en sus alforjas,
todo el abecedario que has sembrado
en mis ojos.
En remisión
Se encuentra en remisión el intenso dolor
que apagaba la luz de cada nuevo día,
y sin reconocerse ve su imagen
plasmada en la ventana
tan serena y en paz.
Escucha serenatas, las charlas y las risas
y como en pasarela ve desfilar pasteles
con los ramos de flores festejando a las madres.
Y ahí, tras el balcón , cristal humedecido,
esa mujer observa cómo se va mojando su reflejo
tocando sus mejillas extrañamente secas.
Camina de regreso pisando su presente,
rozando con sus dedos los muros y tabiques
que atesoran el eco de fantasmas.
Se va dejando guiar por el fulgor
de unas manos que esperan con anhelo
logre cruzar el puente.
Las tardes en espera
Elimina temores, moviliza el presente
y asómate a la vida con actitud de reto,
toma unas pinceladas de la aurora
y tiñe tus mejillas ocultando en tu piel
ese pálido tono que apaga tu viveza.
Llénate del bullicio del gentío
y sal detrás del vidrio, de ese escaparate
en que te has refugiado.
La tarde está en pañales esperando por ti.
Ya no tragues saliva y escupe las entrañas
que se han contaminado con temores y odios,
atusa tus cabellos, levanta la barbilla,
endereza tu espalda y camina con hambre
de dar mordida al mundo.
Aunque mastiques guerras, trata de digerirlas
degusta un caramelo que te quite lo amargo
de las calamidades.
Mientras siga la vida hay tardes que te esperan.
Solo sueños
Se han quedado esperando
dos copas, con un vino de mesa, pan y queso,
música de guitarra acompañada
por el ruido constante de los grillos,
con gusanos de luz
opacando la luz del firmamento,
y embriagado el olfato de olor a hierba fresca.
Una casa de campo en las montañas
con la hoguera de leños ya en cenizas,
un papalote roto colgando del encino,
piedras enmohecidas por la falta de huellas.
Dos locos soñadores
vagando en la montaña riéndose de la vida,
sin bullicio que altere el panorama
sin cargas, sin apegos.
Siguen tras bambalinas
los dos protagonistas esperando,
el guión de esa historia inconclusa que no llega a estrenarse
por el bache en el tiempo cubierto por las hojas
de un invierno temprano.



























