
Ninguna
Hoy que mueren por grandes los bonsáis
y el arte se perdió en las espigas.
Ahora que vosotras, mis amigas,
sois solamente amigas, ¿qué esperáis?
¿Qué ofreceros? Es poco lo que dais.
Sabéis que no me sacio con las migas,
que añoro a mis amantes y enemigas.
¿Por qué, malvadas, no me envenenáis?
Lo sé. La culpa es mía que no sueño
y me muestro monótono y pequeño.
¿Para qué asesinar a quien no vive?
Respiro por costumbre, amortajado
en un otoño seco y aplacado.
¿Para qué descifrar a quien no escribe?
El juego
Encerrado en el juego pierdo y gano.
Escribo sin palabras. Me recluyo
en el tiempo, lo paro y gasto. Huyo
de su ofrenda, me pierdo y me desgano.
Muevo piezas de plástico pagano
creyéndome su Dios. Alzo y destruyo
ejércitos ficticios. El orgullo
impide que arrodille al soberano.
Defiendo con dragones soñadores,
ataco con gambitos perdedores.
buscando de la vida un contrataque
que incendie de belleza mi tablero.
Y pregunto a una dama en cada jaque
por qué viene hacia mí si no la espero.
No entiendo por qué escribí este
Son centro de miradas indiscretas,
sueño de adolescentes y mayores,
volcanes donde mueren los señores,
vencedoras de un duelo con carretas.
Pilares temblorosos, curvas prietas,
recreos indomables, bienhumores,
suplicio de beatas y censores,
el trigo sin metría, jugarretas.
La vista ineludible del abismo,
señales de peligro y burladero,
hogar y pandemónium, narcisismo.
Ajeno a los designios de las modas
me gustan mucho. Soy más que sincero:
las tuyas, las de ella, las de todas.




























