«Simetrías» y otros poemas

Simetrías

Sin fórmula
te quiero,
sin números,
desde mí mismo,
desde un lugar del vientre,
como si fuera un ímpetu invencible
el que me doblegase al orden que te guardo,
a la voluntad ciega de un arcano simétrico
que me traza las líneas del destino,
que me detiene en ti
para entregarte
la vida
en mano.
Y en mano
me das
una figura
de luz polifacética,
que se compone para ser enigma
y cálculo de cifras donde escondes la incógnita
de un tú y yo despejado en la suma del dos,
en el numerador de los deseos,
en los cuánticos dígitos
de un álgebra,
de una ecuación,
de amantes
sin fórmula.


Tizne

Sin nada que decir, y en mí dormido,
mascullo abecedarios y tablas de la ley,
perdido en la inconstancia de esta tarde
salpicada de luz y de ventisca.
Todo fluye del norte,
lo trae el viento en álgidas cuadrigas,
en puñales de hielo y de febrero
desgarrando los velos de la idea
y hendiéndose en las venas de la lengua.

Sin apenas nostalgia del ayer
recién vivido, sin apenas duelo,
sin esperanza o certidumbre alguna,
contemplo el crepitar de los minutos
de esta tarde, resumen de mis tardes,
orillada en quietudes y gramáticas,
en azules renglones de vocablos
royéndome el cerebro hasta la atrofia.

Leed conmigo las extrañas runas
que un labio blando me revela, mudo,
sobre un papel hipnótico y pautado
que, a menudo, es la piel que me recubre.

Sabed que soy,
con la impudicia propia del ignaro,
quien se asoma al aleph y al espejismo,
donde la maravilla se compone,
como un misterio inextricable y único,
con la caligrafía de lo inédito
desentrañando el vientre de un poema.

Pronunciaré,
si acaso y con asombro,
los nombres propios del vivir que pienso,
como si fuese yo quien es yo mismo
o el escriba que firma estas palabras.

Pero entended
que es cierto cuanto ingenio
y que cunde el aliento por los signos
con los que, buenamente, os miento a veces,
para dejar constancia de una imagen,
para poner sonido en este lápiz
que os hilvana el decir de lo que he visto.

Y cuando calle, que me diga el eco
y me diluya, y me corrompa tanto,
que mis sílabas sean los carbones,
o el trazo de un tizón que ahora lees,
mientras ardes de luz como yo ardía,
como yo ardía.

Sin pudor se desdice el horizonte,
huyendo con su peso más liviano
tras las hebras afónicas del sol,
que refluye al zenit de un día de otros,
y se escapa del tiempo de este mundo
con el sistémico vaivén de un nómada.

Las luces desvaídas de la noche
destajan las arterias de lo oscuro
como dagas de sombra sucia y tizne
hurgando en la pulsión de la existencia:
no hay nada que decir, y en mí dormido,
mascullo abecedarios y tablas de la ley.


Sin saberlo

Me vestiré de luto para el duelo
de las horas que han muerto por mi culpa,
de los pasos atrás que di sin rumbo
por el quieto confín de lo que he sido,
y excavaré en la tierra del pasado
mi propia tumba, con las manos sucias
de haber vivido a ciegas, sin saberlo.

Y sin saberlo,
será la sombra como un veredicto,
un imán que conduzca en el alambre
este incierto equilibrio de funámbulo
que me sostiene en el azar del mundo.

En el norte las brújulas se aceran,
el horizonte tiene un trazo pálido
y la distancia sirve su brebaje
en una barra amarga donde bebo
el güisqui en el cristal de la memoria,
borracho de los días que me olvidan.


Ojos de alinde

sin saber por qué lloras
sin saber yo quién eres —tan efímero—
vengo desarrimado a averiguarte
a nacer de tu estirpe nuevamente
de las raíces de tu imagen fija
en el revés de un mundo que es la nada
de un mundo que me inculca la agonía
de quien nace llorando de un espejo
tienes ojos de alinde
ojos de acero y cuarzo transparente
y lloras llanto de cristal molido
y lloras hielo de un dolor secreto
que me deja en el vidrio cicatrices
y me deja la piel
a la intemperie
y si nadie me mira
y si nadie me espera en esta parte
resurjo del salitre de tu pena
renazco del almizcle de tu iris
cuando beso tus labios y pronuncio
mi nombre en la entelequia del vidriado
para dejarme el alma en mil añicos
en todos los reflejos que destello
en todas las facetas pertinaces
del fugaz espejismo que es mi vida.

Foto del avatar

José Luis Jiménez Villena

Artículos: 5