
Disparos en mis pausas, de Silvana Pressacco
113
No hay remiendos, no hay parches
ni curvas hacia atrás
en la línea del tiempo.
114
De qué sirve conocer la mejor receta si nunca la experimentas con tus manos.
115
Escapar nunca fue una de mis soluciones posibles.
116
No es salida real aquella puerta que no deja pasar a todos los míos.
117
Pueden observarme cansada en el campo de batalla, incluso creer que no tengo armas suficientes pero nunca dejaré de ser una guerrera.
118
La tristeza regresa para recordarme que hay motivos que no me convencen como para resignar la lucha.
119
Hay tiempos de tregua para recuperar aire y elevar la espalda de nuevo.
120
La paciencia es mi arma más poderosa.
121
Cuando renazco mis ojos hablan mil idiomas y mi lengua es un arsenal.
122
Hay luchas que ya no enfrento porque desgastan y aprendí que el tiempo, como el soldado más leal, anota a mi favor.
123
Cuando lave los pensamientos oscuros que con frecuencia me visitan podré vislumbrar el propósito de mi vida.
124
Debo lograr un equilibrio interno para superar todos los frentes que atacan mi felicidad.
125
Es difícil lograr la felicidad plena si antes no aprendo a vivir en armonía con todo lo que vive, con el otro y con el mí mismo.
126
Si no tienes concordancia entre tu hacer, tus intenciones y metas tampoco tendrás suficiente equilibrio para avanzar por el filo de la vida.

Valores, de Leo Zambrano
¡Estamos llenos de ciegos y muchos sin valor!
El silencio no es artificial…
Hay que tener valor y piel de luna
si su luz es animal entre tus ojos rayando…
…Hay que valorar ser libre en el Mar Negro.
Hay que caminar sin sandalias
y saber evadir las otras piedras…
Hay que pintar los adioses que el labio oculta,
aún cuando el silencio ocupe las muertes escondidas…
¿Cómo poder documentar la voz?
Si el silencio asalta el verbo sentido…
Somos un espacio en la línea de otros…
Quisiera regresar a mi inocencia
y no depender de la ignorancia…

Pérdidas, de William Vanders
Perdí mi nombre, no puedo recuperarlo. Mi alma es fémur solitario en playa escondida.
Perdí mi alma, sigue extraviada. Mi bahía es cardonal de emociones sin agua.
Perdí mis instintos… ya no hay arena sobre la que pueda dibujar la carne de mi espíritu, la boca del silencio, el abrazo de las manos, la soledad del consuelo, la tragedia de la pausa, la calma de la prisa, la palabra que mata.
Perdí todo, ahora soy tronco muerto hecho de origen.


























