«Lágrimas frías» y otros poemas en verso blanco

Lágrimas frías, de Sergio Oncina

¿Cuántas veces, a punto de llorar,
contuviste el dolor?
No sirvió. Nunca sirve.
Las lágrimas vedadas congelan lo profundo
y su hielo carcome.

Los cuerpos piden sexo, manjares, agua y aire,
y exigen desprenderse del veneno
si quema las entrañas.

La alegría se muere cada noche
en las cárceles faltas de verdades
y en la carne vacía de deseos.

El invierno interior araña y nos descubre
en la firmeza frágiles
y en las dudas humanos
pues la sinceridad busca salidas
y la tristeza escuece si se oculta.

No se libera el miedo con el llanto
pero mata la rabia,
los impulsos suicidas y la vana indolencia.

Imagen by 경복 김

Dos poemas de Morgana de Palacios

Trepidaciones

Cómo trepida el nombre del amor
en la quietud brumosa de la noche,
aunque mi indiferencia ante su sombra
sea más estruendosa que su escándalo
y me pronuncie al margen de sus reclamaciones
y a salvo de su dádiva.

No le presto atención a la sonrisa
promiscua del amor, si busca abrazo,
porque hace mucho tiempo que desacralicé
su ritual de cinismo
y hay demasiadas grietas en su rostro
por las que mi silencio no penetra.

Cómo percute el tiempo del amor
en la piel rasurada de los sueños,
aunque ya no me excite
la realidad impávida,
ni me provoque resquebrajamientos
en la voz de la sed.

Puedo decir te amo
y no amar más que el aire de un vacío,
y callarme por siglos lo invisible
del asma de un amor cuando me ahoga.

El mío es un amor que no precisa
de vértigos extraños
ni de focos que impacten sobre su lejanía
para cegar las públicas
retinas asombradas de la pasión ajena.

Es fiel a mi desnudo y hasta sabe
que no lo necesito para ser lo que soy:
el claroscuro de una descreída
que salmodia penumbras
con boca de espejismo inverosímil.


La flor de agua

Me he dejado empapar por tu voz de tormenta
en la distancia,
por tu imagen viril otoñecida,
y he puesto rumbo a ti, a tu aguacero,
sin irme a pique pese a su potencia.

Hoy soy tu flor de agua, tu marítima actinia,
y puedo ser de carne,
de escarcha,
o de pólvora
cuando a ti te apetezca,
porque tú que naciste original y único
no te has vuelto,
la triste fotocopia de tantos que no extraño.

No me exilio de mí cuando estás cerca,
me mueve a la alegría tu arrogancia,
tu voluntad a la oración lumínica,
y estoy casi segura de que vas a morirte
tan sólo cuando a ti te dé la gana,
porque muera el poder que tengo sobre ti.

Nunca vas a estar solo,
—terco animal de láudano—
nunca, mientras la tinta nos corra por las venas
y el músculo responda a los rituales íntimos.

Yo te daré un poema sin ningún adjetivo,
un tiempo para amar disturbios en mi boca,
una duda que arrase con todas tus certezas
y te daré un motivo para salir de ti.

Como si no tuviera otra cosa que darte
te daré la ocasión de violentar mis ojos
y liberar tus muertos seduciendo los míos
por compartir aquellos que están pidiendo paso.

Te voy a dar un sueño para que lo maltrates
cuando te incite Sade, la carne para el diente
y un pedazo de instinto para tu diversión.

Y por si fuera poco, te voy a dar el alma
para el último trago del desierto que cruzas.
Deséchala una vez que no te sirva.

Imagen by Pexels

Tres ángeles caídos, de Orlando Estrella

Busca en la espuma de la mar y observa,
escudriña los tonos de la orilla
para ver si han quedado rastros nítidos
del ángel abatido por la maldad que impera.

Aun sepultado por las aguas, logra
el aliento de sangre que resiste
los tiempos de la muerte, acuérdate de Cristo,
esa sangre persiste según hablan
los profetas de antaño.

No esperes que las puertas del infierno
se quiebren y se escape un ser ya redimido
de sus viejos pecados en busca de venganza.
Carga con tu conciencia y caza los malandros,
haz la justicia de los hombres buenos
esos que creen que el mal no puede ser impune.

Proclama luego al viento tu hazaña de cobrar
crímenes que apagaron las alas de tres ángeles
que creyeron que el hombre es signo de bondades.

Emely y su retoño y Liz María
esperan por tu fuerza, no las desilusiones.

Hay crímenes que nunca pueden quedar indemnes,
no importa que la sangre te manche la conciencia.

Imagen de Pixabay

Dos poemas de Eva Lucía Armas

Decir amigo

A Gerardo Campani

La vida nos plantea sus recursos de barro.
¿Qué lejos nos conmina a largamente frágiles,
y pálidos y solos?

Si me doliera menos tu amistad en mis manos
y el corazón tuviera ese cándido eclipse
con que se aparta el día de los ojos del hombre
podríamos bebernos tu agraz filosofía,
tu vino de cosecha selecta y arrumbada
y discutir, nocturnos, la lengua de los dioses
y el pánico del viento sobre los versos planos.

Se quedará la tarde tan tontamente sola
como la vieja noche de cervezas y umbrales
conque arreglamos mundos,
mancamos utopías
y quedamos mojados de soles sobre el río.

No me dejes tan sola
porque ya estoy cansada
de sostener las drizas en mi nave violenta.

Y si te vas un día, «cuando muera la tarde»
las palomas ocultas romperán las fronteras.

Amigo,
amigo mío de los vinos del alba,
siempre serás el tango que nunca compusiste
para que yo bailara tu terco pragmatismo.

Cuando nos encontremos después de nuestros días
hablaremos de todo en lo que no creíste,
pensador de alas quietas
y todo será nuevo
en tu boca prosaica.


No me vengan con necesidades

Ya no estoy para amores de película
ni para suspirar como Gautier
por un Armando más de otros armandos.

La felicidad
es coja y se construye una pata de palo
o anda renga
igual que un pajarito al que una rata hambreada mutiló
pero no deja de volar por eso.

El amor
tiene mucho de hambre
porque el corazón es un desconsolado
que no sabe qué hacer consigo mismo
y entonces busca afuera
igual que una vecina —de aquellas de visillo—
que ocupaban su nada en espiar
qué hacíamos los jóvenes turgentes
con nuestra propia magia.

Ya no estoy para amores. Ni siquiera
recuerdo los pasados.
Espanto a los futuros con el Raidmatamoscas
—y mosquitos—, porque chupan la sangre
de la ilusión que queda
en algún rinconcito donde nadie ha pasado la Ultracomb.

La ilusión es un muerto
a cuyo velatorio nunca iré
porque los muertos siempre nos existen
en el fondo del alma.

Ya no estoy para amores de película
ni para hombres que ilusionen gatos,
ni para hombres a los que ilusionen
brebajes de gastada hechicería.

Casi soy una ostra, hablando mal y pronto.
Pragmática, serena,inteligente,
a veces peleadora,

a veces,
mansa como una diplomática que pretende un acuerdo
pero siempre soy yo,
sola y distinta.

Estoy como «De nos»…1

Ya lo hice todo.
Ahora,
solo quiero a mi perro.

Punto.

Aparte.2


  1. Cuarteto de Nos (grupo musical uruguayo). ↩︎
  2. Expresión del campo argentino que se usa cuando se separan las vacas que por edad o por problemas, ya no pueden integrar el rodeo. ↩︎