
Cuatro cuadras al sur
déjame respirar otro segundo el aire
todo lo que he querido yace muerto
no hay pan duro ni paz en las manos del hambre
quiero quedarme sordo gritando estos silencios
no vuelvas con tus clavos a curarme la herida
no me hables de un perdón ni de estar solo
la vida que mataste sangraba bocarriba
y hay un dolor inmenso enterrado en el lodo
se ha perdido la fe en la mesa del odio
y todavía aquí nos hablan de la sombra
que nos cobijará
cuando quemen la plaza
aún somos los de a pie que vomita la ola
bebemos de la copa de un ángel que nos busca
cuatro cuadras al sur de un díos que llora
nadie sobró jamás en otra tumba
Onda
cuando me vaya he de llevarme el viento
que guardo en tus bolsillos fresco y calmo
también el llanto de mi perro viejo
un poema
tres cruces y dos cuadros
me llevaré tus penas
tus silencios
el tiempo en el que tú te hacías trigo
todos esos domingos
ya sin tierra
cuando podías ser la que no eras
quedarán en el mar como dos puertas
te dejaré la paz de mis destierros
mi callecita al sol de tu esperanza
te dejaré mi aliento en tus regresos
y el niño-Dios de mi lejana casa
tarde será cuando me vaya al fondo
lleno de tan
to
a
diós
mordiendo el polvo
Facebook live y un velorio a distancia
A qué huele la muerte, tan oscura
que no deja brillar tres padrenuestros,
huele a dolor, rencor, a caja dura
demasiado «tal vez» para los huesos.
Todo es ir y venir y nada queda.
Al fondo a la derecha, si es preciso,
vomitaré en mi tumba venidera
y todo lo demás ya ha sido escrito.
Descansar tierra abajo lo vivido
es dividir en partes lo que sobra
cuando llega la hora.
No te mueras feliz, vale la pena
jugar piedra y papel… y ser tijera.



























