
Dos poemas de Silvio Rodríguez Carrillo
Siempre al borde
Hoy, aquí, siempre al borde
de lo que espero y de lo que quieren
de eso que consigo y de aquello que tensa
la mirada que proyecto —limpiándome de furias—
sobre el lomo de las aves que prescinden, por perfectas
de imaginar cosas raras
de vivir extremos
de pensar iniciar el día sin saludarme
me pregunto cuánto puede durar una estrofa
cómo se mide el ritmo de un imbécil
cuánto vale el silencio de un amigo
de qué manera se calcula el peso
emocional
que tiene la mirada con el rabillo del ojo
para
cada cual.
Nunca he sabido esconderme,
aun habiéndome doctorado en jamás
darle importancia a lo inservible,
con la espalda llena, pletórica,
de olvidos de gente que siente,
de chicas que no rasguñan el detrás de sus ojos
buscando el por qué de sus puentes,
de chicos que meten las manos en sus bolsillos
asumiendo que el miedo es buen consejero.
Me miro y admiro
en el amor
que irreverente cuando lo recibes
irreverente lo impones
es
así.
Tan breve y sin embargo
Siempre era debajo de los puentes
desde donde miraba los eclipses,
aunque si tocaba lluvia, y los gatos se le arrimaban a los tobillos
cerraba los ojos y con el pulgar y el índice de la mano derecha
se tocaba los párpados pensando en Saint-Exupéry
cuando pensó, con-en su amada soledad por qué tenía que morir.
Si ocurría el día, y era el torneo o la kermés
se guardaba lo mejor para el final,
cuidando de que el sudor le marque la camiseta
el hambre la mirada
y todas las hormonas el aliento de chita nómada,
sintiendo en las caderas el reclamo de Gaia
exigiéndole aparearse.
En un mismo cubo mágico nos miramos,
sin sabernos del todo, en altos riesgos pasados y futuros
coincidimos en un calendario espiral
de ojos verdes y pelos largos y rubios,
en un frenesí vital que por amar la vida y temer a la muerte
necesita
componer catedrales inauditas en donde someterse
pisando con los pies desnudos
antes que brasas de carbones cristianos o paganos,
trizas de vidrios sobre un asfalto nocturno, de callejón.
Se dijo que habité en el borde de su boca
cuando el hijo de María conoció a su primo,
que me acarició las espaldas, cargadas de sombras,
cuando Ceres se abstuvo de ser puta;
hubieron niños que cantaron, solemnes, un réquiem
cuando una misma tarde nuestras rodillas se rompieron.
A veces llora
con la frente apoyada en un muro de 200 kilómetros de altura;
sabiéndole,
en silencio le arrimo palabras a las manos,
como si le sirviera
por si le fuera útil
sentir que existo, de algún modo.
En otros momentos soy el que ríe,
el que cruza las nubes más gordas,
como un titán entrenando sus piernas en un lodazal infinito;
entonces me alienta
me escribe libros en idiomas que no conozco,
me arroja piedras a la cara
y un espejo para que vea que sangro
todavía.
Todo esto es muy breve
y edad es lo que nos sobra.

Me esquiva la calma, de Orlando Estrella
Me esquiva la calma
como un sano a un contagiado.
Será que proyecto un mal de fondo,
una enfermedad esquizofrénica que perdura
pero que no se muestra.
Es la sangre que reverbera silenciosa
esperando lo imposible,
un volcán dormido que ni las leyes naturales
reviven pero que lo angustia.
¿Qué pasó en mi transitar que me aisló de la paz
y me arrinconó como a un perro
que abandonaron por necio y por gruñón?
Será que maldigo lo que otros aman,
lo que me mantiene atado a la soledad
viendo a los malditos disfrutando
del dolor y de la sangre ajena,
muriéndose tranquilos en sus camas
rodeado de sus familiares y secuaces.
Es grave expresar ciertos pensamientos
pero más grave es no poder revertirlos.
No puedo, ni el subconsciente me ayuda,
no tengo lo que todos, un dios al que rezar
y pedirle ángeles de guerra
pues sólo eso puede regresar la maldición
de vivir en un purgatorio dirigido por ratas
con zapatos y camisas.
Quizás la ausencia de calma, la soledad,
el exilio humano, el olvido
y el horizonte en tinieblas
es lo que me hace
no ser uno de ellos.

Dos poemas de Ronald Harris
Eternal sunshine of the spotless mind
How happy is the blameless vestal’s lot!
The world forgetting, by the world forgot.
Eternal sunshine of the spotless mind!
Each pray’r accepted, and each wish resign’d.Extracto de Eloisa to Abelard, de Alexander Pope
Toda verdad es una trampa en las cavernas de sus lunas,
señales que apuntan hacia la incertidumbre de la memoria.
Debemos de olvidar entonces
el odio y su paciencia hermética,
como las vírgenes vestales consagradas al diluvio.
Salir en busca del fuego
que nunca debimos dejar de adorar.
Volver al sueño primitivo que no se convirtió en llanto,
ni en borde del borde de este abismo de quimeras.
Hemos de quemarte en ese fuego
y hacerte brillar en él hasta que grites
y te hagas resurrección de la alegría;
eterno resplandor de una mente sin recuerdos.
Crónicas marcianas
Visitas la calma cada tanto, melancólico,
como cualquier paisaje de crónicas marcianas,
y encuentras en su fondo volcánico,
en su cavidad sísmica,
esa centésima que empuja nuevamente a la creación.
Y la violenta naturaleza del genio
se hace en ti unos segundos;
el dramatismo aquel que conduce al arte y a la ira,
y que se vuelca en las mareas guiadas por la luna,
y que no deja lugar habitable sino en otros mundos sin azul;
mundos amarillos, polvorientos,
con cuatro soles como clavos ardientes,
mundos de cuatro sombras que te impiden sentir la soledad.

Dos poemas de William Vanders
Dos
La luz creadora no precisa de soles,
ni las sombras de obstáculos para prolongarse.
A veces, las manos pintan silencios
y la voz edifica ruinas sordas.
Probable es volver a tus huellas,
como imposible deshacer
la vocación del río para surcar al destino.
A veces, las estrellas son largas
porque están lejos,
o el amor acorta espacios
como ensayando
la serigrafía
de la proximidad
para volverse huraño en el ego,
y despertar sobre el asombro
de ser dos sin almas rotas.
Mujer
La luz es un arma innecesaria
cuando traes en el pecho
el coraje de la mujer primigenia.
Te basta el ademán:
ese universo de mutismos
ajustando la tuerca del injusto.
Y no es que se te antoje el matriarcado
por sobre el abominable patriarca,
no es que acuses al hombre por el hombre
en su inequidad idiotizante,
no, no es eso,
es que naciste con un entrecejo de mil astros,
viniste al mundo alfabeta de emociones
y aunque tu odio derribe titanes,
tu amor es imán
sobre la vena de los defectos ferrosos.



























