La escritura, ficción o memoria

Nandi Posada
Me preguntaba yo si creéis que la escritura es un acto de ficción o es un acto de memoria. Pienso que la ficción lleva en sí mucho de memoria, pero también la memoria pasa a ser un poco ficción al ser escrita. Me pongo a pensar en obras totalmente imaginativas como las de Tolkien. ¿Cuánta huella deja ahí la memoria?
Y pienso en las memorias que alguien escribe, ¿hasta que punto es todo fidedigno y no se deja que la ficción se cuele?

Gavrí Akhenazi

Primero habría que definir «ficción» y «memoria».
Yo diría que se trata de un acto de recreación, donde hay cosas totalmente fidedignas trabajadas desde el enfoque que el autor prefiera para la obra.

La memoria, en la escritura y en sí misma, es un hecho emocional. Uno recuerda las cosas de manera emocional, desde el impacto que esas cosas le produjeron.

Creo que, desde ese punto, uno siempre es fidedigno. Lo que reproduce es la visión que le otorga su prisma sobre hechos determinados. Puede extrapolarlos en un escenario ficcional, pero los hechos estarán ahí, trabajados dentro del contexto de ficción si se escribe ficción y se inventan cosas.

La información que provee la memoria se ubica dentro de la ficción que se imagina para tal o cual cosa, pero es complejo elaborar perfiles psicológicos creíbles para los personajes sin apelar a cosas que se pueden describir porque se incorporan a la memoria de alguna manera.

Tolkien recreaba historias, cuentos y leyendas. Le dio su toque a eso, pero eso estaba ahí desde antes.
Hace un combo de un montón de historias que ya existían.

Verne, en cambio, creaba hipótesis científicas sobre cosas altamente probables, dentro de las posibilidades de conocimiento que tenía.

Para su época, era extraordinariamente adelantado, como Da Vinci.

José Manuel Pombo Varela

Podemos decir que toda escritura es un acto de transformación. La memoria se ficcionaliza para poder ser contada, y la ficción se nutre de memorias para poder resonar.

Y tomando como ejemplo a Tolkien, puedo decir que su experiencia en las trincheras de la Primera guerra mundial, lo marcaron profundamente. Mordor como paisaje bélico, las tierras desoladas, ennegrecidas y tóxicas de Mordor recuerdan los campos de batalla de la Somme, donde Tolkien combatió.

El ambiente de muerte, barro, trincheras y desesperanza está presente en el viaje de Frodo y Sam. Simon Tolkien, nieto del autor, afirmaba que su abuelo «derramó todo lo que vivió y todo lo que sintió» en su obra. Aunque Tolkien hablaba poco de la guerra, su literatura fue una forma de decir lo indecibles. Quisiera añadir que, El Silmarillion lo escribió mientras estaba atrincherado, rodeado de cadáveres. La escritura fue su refugio, su forma de procesar el horror.

Así, la ficción se convierte en memoria sublimada, y la memoria, al ser narrada, se vuelve ficción, y con él permiso de Gavrí Akhenazi, quiero traer como ejemplo cercano su novela, «El viento que no cesa».

Lo traigo a colación porque relaciono sus experiencias en África y su contacto con las diferentes tradiciones ancestrales. Curiosamente el detonante de esta conexión memoria /ficción, fue el nombre de un personaje, Espekqe Ek, que si mal no recuerdo aparece en el capítulo «Crónicas de los días y sus actos». Al leer y pronunciar el nombre, inmediatamente lo relacione con el bosquimano Xi y su singular y sonora lengua Kung.

Gavrí Akhenazi

Creo, José Manuel, que cada uno, frente a la ficción, remueve su memoria y la vuelca en una especie de acto mediúmnico.

En esa novela, hay muchas partes de la memoria. Todas están entrelazadas y se funden en un compendio de diferentes sociedades, actitudes y culturas. Y también, de personalidades.

Por eso digo que, incluso ficcionando, la memoria apela a su bagaje.
Y lo va ubicando de acuerdo a la construcción ficcional que se intente.
En general, no escribo ficción.

José Manuel Pombo Varela

Completamente de acuerdo, y para el que no lo recuerde, Xi es el protagonista de la película «Los dioses están locos» de 1980.

Gavrí Akhenazi

Cuando un autor está forzando la ficción, se nota enseguida durante el proceso creativo.

Los personajes, porque es en los personajes donde el asunto se nota, pierden credibilidad, pierden verosimilitud.

Se pueden inventar escenarios, plantas que hablan, siete soles de colores y cosas así, pero la interacción de las psicologías tiene sus claves para ser verosímil.

Nos puede parecer que la guerra es tal o cual cosa y escribir sobre lo que nos parece e incluso, aproximarnos bastante a eso, dado que se han visto muchas imágenes sobre cómo puede llegar a ser.

Hace un tiempo, bastante ya, circulaba por internet una fotografía que se había hecho viral de una niña dormida sobre la sepultura de su madre, durante la guerra de Siria.

Yo dije que era un montaje, porque la foto se daba por espontánea. Y había dicho dicho que esa fotografía ni siquiera estaba hecha en donde se decía que se había tomado. Me preguntaron por qué y yo contesté: falta el polvo. No había polvo en la escena. Era totalmente ascética, limpia, aséptica. Y los rusos habían demolido Alepo. No queda una piedra sobre otra en Alepo. Era un mapa de escombros y polvo y un olor a muerto que volvía irrespirable el aire.

La gente que vive en un estado así está completamente sucia, despeinada, con la ropa hecha un desastre. No está impecable, con el cabello bien atado y los zapatos limpios. Sobre todas las cosas flota un polvo que no te podés sacar de encima.

Con la literatura, pasa lo mismo.
Si no se conoce realmente el bagaje cultural de una sociedad, sus costumbres, sus rituales, sus conductas, imaginar no alcanza para que una obra que intente recrear realidad resulte creíble.

Las costumbres, por más que uno se informe bastante (cosa que es bastante rara en los escritores actuales, salvo honrosas excepciones), responden a patrones ya incluidos e imbuidos en las sociedades que se intentan recrear o sobre las que se intenta una ficción no sci-fi y no fantástica o maravillosa.

Las cosas tienen su propio contexto y se aplican de determinada manera dentro de ese contexto particular.

Si no se posee memoria sobre cómo se comporta determinada sociedad dentro de determinados parámetros y contextos, es complicado ficcionar sobre ella, aunque estemos bien informados.

O sea, la obra te puede gustar como «cuentito», pero no te la vas a creer.

Luego, sobre el autor también trabajan «los preconceptos».

Si te estás planteando un personaje que habita en los «istanes» de Asia, un enfoque occidental, trabajado con parámetros emocionalmente occidentales, resulta ridículo en una obra y solamente apetecible para lectores occidentales que piensan que somos todos iguales o que la única cultura es la occidental y todo lo demás es barbarie.

Hay cosas que determinadas civilizaciones no se plantean y hacer que nuestro personaje se las plantee, es un desenfoque. Y hay cosas que ciertas civilizaciones se plantean y hacer que el personaje no se las plantee, también es un desenfoque.

Las emociones de los hombres son similares. El asunto es cómo cada civilización o cada cultura procesa esas emociones.

Qué hace con ellas.

José Manuel Pombo Varela

Me interesa mucho este tema.

¿Cómo explicar?… Todo pasa por lo auténtico, por ejemplo el realismo mágico y no único de García Márquez. ¿Qué es lo que lo hacía verosímil?

Para mí y como tú dices, su contexto de tradiciones y leyendas comunes en hispanoamérica.

Creo yo que los mitos y leyendas no se sustentan en una nube difusa por sí solos. Esos mitos y leyendas provienen de un origen humano que a su vez tuvo un contacto real con algún fenómeno de la naturaleza.
Tomemos como ejemplo el fuego. Si nos remontamos al primer contacto humano con ese elemento, ante lo desconocido, ese primer ser humano lo explicó o lo asumió como algo sobrenatural.

Para comunicarlo de una manera digerible al resto de su comunidad, lo ficcionó, dándole rasgos y características sobrehumanas que solo permitiera su existencia en lo impalpable y más allá de la lógica.

Si no puedo explicarlo, no lo entiendo; existe, pero mas allá de nuestra limitada percepción y, por consiguiente, lo elevo a un lugar que sea distante e inexplicable. Pero es verosímil, porque
la prueba visible esta a la vista de todos.

Ficcionó desde su memoria. Entonces, a partir de esa primera creación ficticia de un ser todopoderoso, se construye toda una narrativa de costumbres, mitos y leyendas contextualizados a una comunidad, que luego con el tiempo se multiplica, se ramifica y se convierte en otro grupo con la raíz principal de la primera con las diferentes variantes de personalidad de cada miembro e influenciados por un contexto geográfico diferente, y que le darán un matiz diferente a la primera ficción.

¿Me explico?… ¿O es que me fume una lumpia al revés?

Gavrí Akhenazi

Te explicás perfectamente y es así la construcción del mito.

Nandi Posada

Aquí, leyendo opiniones tranquilamente.

Interesante eso de los preconceptos. Una palabra, además, en la que nunca me había parado a pensar…preconceptos.

Lo del polvo en la literatura es una muy buena comparación. El polvo de la memoria.

Realmente me paro a pensar en eso de la memoria ancestral. Es como una memoria antigua que no sabemos está. Recuerdo una experiencia que hicieron con un quebrantahuesos criado sin sus padres, que no pudieron enseñarle a qué debía romper los huesos de las presas. Sin embargo, él creció solo y lo hizo. Era la memoria ancestral. Es como ese polvo que dice Gavrí.

José Manuel Pombo Varela

Somos los seres vivientes, seres atávicos, tanto biológica, social como culturalmente.

Una definición de atavismo es el fenómeno por el cual reaparecen en un individuo características propias de sus antepasados remotos que habían desaparecido o quedado latentes durante generaciones
Para mí, todo esto tiene que ver: memoria ancestral, atavismos, preconceptos. Todo eso influye.

Mientras pensaba qué escribir para redondear la idea, vino a mi memoria el recuerdo de mis abuelos. Eran los grandes contadores de historias de la familia.

Como les decía, fueron los grandes divulgadores de las tradiciones, mitos y leyendas de la cultura céltica gallega. Y luego viene el contacto con otras culturas y memorias, ya desde una edad muy temprana (por lo menos en mi caso). Mi familia emigró de España hacia Venezuela en el 67, tenía yo 7 años. Quien me enseñó a leer y a escribir fue la Sra. Amparo, maestra de primaria, vecina de nosotros en la pensión o casa de vecindad, donde cohabitábamos españoles, portugueses, italianos y venezolanos del oriente (como el caso de Amparo) y de la región de los llanos.

Pero quien influyó más en mi fue Amparo, una negrona inmensa, culta y santera. En mi inocencia infantil me dio por llamarla «Noite», noche en gallego. O sea que aparte de meigas y bruxas, peeira dos lobos, trasnos, a vaca marela, más los chismes de la aldea, también conocí a Olodumare y los orisha, Chango, Elegua, Yemaya y todo el sincretismo y la riqueza cultural entre lo africano y la religión católica. Y creo que para resumir, todo esto forma parte de la riqueza interior de cada quien y donde acude un creativo para luego expresarlo.

Nandi Posada

Tienes tú, como todos, grandes historias detrás. La oralidad es la gran salvadora de la memoria
Mejor dicho, fue.

José Manuel Pombo Varela

Yo creo que, aunque pueda parecer pretencioso y elitista, y tal vez lo sea, sigue siéndolo mientras nosotros no claudiquemos.

Gavrí Akhenazi

Sin duda que existe una memoria genética, ancestral, atávica, que te hace reaccionar de determinada manera sin que sepas o entiendas por qué.

Con el conocimiento pasa lo mismo. Afloran conocimientos que se adquirieron en algún momento y que surgen, incluso como parte del sentido común, muchas veces contrariando lo que uno haría si se atuviera exclusivamente a la cultura por la que transita su vida diaria.

La parte insondable de la especie no lo conoce nadie.

En cierto modo, todos escribimos desde ella.

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Nandi Posada

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