
Eva Lucía Armas
Ya no siento pasión por ser la buena,
la bondadosa, la caritativa,
la mano que se extiende, curativa,
la que contemporiza y no condena.
Ya no soy mediadora y en la plena
conciencia de lo injusto me rebato,
que vale igual que en Cambalache, un trato
desigual para el noble y el canalla.
Perdida por perdida la batalla,
ya no elijo morir sino que mato.
No entiendo por qué debo arrepentirme
si nadie se arrepiente de lo suyo,
o qué orden sagrado deconstruyo
si dejo la piedad, con paso firme.
Si nadie se reprime, reprimirme
en aras de qué armónica postura
y tragarme de un golpe la angostura
de arriar el pabellón frente al pirata.
Me tiene hasta el mismísimo la lata
de mantener la calma y la mesura.
Así que soy más bien «incariñable»,
excepto por quien dejo que me mime
o aquel que me conoce y que dirime
mi condición de arma inextricable.
No es amabilidad fungir de amable,
si no un desprecio por la inteligencia
y no hace falta doctorarse en ciencia
para saber qué es cierto tras las poses.
Yo prefiero enfrentar un par de coces
que cualquier blandiblu condescendencia.
Debe ser el tumor o bien ¡quién sabe!
aquello que cambió mi viejo enfoque
y vuelvo a portar armas para el choque,
finiquitado el zen en mi deslave.
Y si se desmorona el arquitrabe
partiéndole en la crisma al filisteo
el friso con las tablas y el pandeo
provoca un sismo para Dios y el Diablo,
ya no habito en la luna del vocablo.
Katana sin dudar. Luego, al Leteo.
Morgana de Palacios
Ni siquiera tengo ganas
de pelea. El enemigo
no me provoca al castigo
ni a actitudes milicianas.
He bajado las persianas
de la estulticia, lo justo,
para dejar fuera el susto
de la voz que me molesta.
En mi noche no se gesta
ningún contrincante augusto.
Eres joven todavía
y aunque curada de espanto,
no corren tiempos de llanto
por tu innata rebeldía.
Si con tanta sangre fría
derrotaste a un mal tumor
y rodeada de amor
estás pletórica y guapaaaaaaaaaaa,
dale fuerte al que derrapa
sin perder el buen humor.
¿Quién dijo arrepentimiento?
Primero que se arrepientan
los que pierden cuando intentan
el poner puertas al viento.
Qué pesadez, cuánto cuento,
cuánta sandez metafórica
para paliar la retórica
vacía de contenido.
Yo ya no estoy, ya me he ido
a mi referencia histórica.



























